He tenido mascota casi toda mi vida y siempre he tratado a mis mascotas (perros, en mi caso) como miembros de mi familia. Existe una discusión acerca de si los animales tienen inteligencia y emociones. En este sentido, mi posición es clara: tienen ambas cosas.
Una mascota no es un juguete del que, cuando te cansas, puedes deshacerte. Las mascotas no viven en nuestra casa, sino que nuestra casa es su casa, por derecho. Viven con nosotros, nos aportan muchísimas cosas: compañía, sentido de la responsabilidad, crecimiento personal en el desarrollo de la relación mutua animal-humano, etc.
Reitero que he considerado siempre a mis mascotas como miembros de mi propia familia. De ahí que no pueda entender la existencia de seres en este mundo que, llegado el caso, no dudan en tirarlas a la basura, como si de un juguete roto se tratara.
Vivo en un barrio a las afueras de mi pueblo, prácticamente en el campo, y todos los veranos es lo mismo. Este año ya van 5 perros abandonados aquí. A dos les hemos adoptado entre los vecinos. Tienen una especie de casa y, entre todos, les damos comida y agua. Uno de ellos tenía mucho miedo de acercarse a los humanos hasta hace apenas una semana. Ahora se deja acariciar, es un perro muy inteligente y cariñoso. Y, además, es precioso. El perro que le acompaña es muy juguetón y sociable, y siempre van juntos a todos lados. No queremos que se vayan de aquí porque tememos que les sacrifiquen en la perrera. Y yo no puedo adoptarles porque están habituados a estar en la calle y porque mis padres ya no quieren tener perros por la pena que sufrieron cuando murieron mis dos perras (yo no comparto esta posición, pero, en fin, es su casa). Los otros tres perros vienen y van por el barrio, pero sólo se les ve de vez en cuando. Además, evitan totalmente el contacto con humanos ¡qué les habrán hecho para que nos teman tanto!
Además de estos perritos abandonados, hace exactamente 10 días, una gatita claramente "casera" (por oposición a "callejera"), de éstas que no saben "buscarse la vida en la calle", vino a la puerta de mi casa siguiendo a mi sobrina. Esta vez conseguí que se quedara en casa. Mi alegría fue tremenda: llevaba mucho tiempo queriendo tener de nuevo una mascota y, por fin, lo había conseguido.
Lo que sí es verdad es que a mí nunca me han gustado los gatos. Nunca jamás. Pero estaba sola, desvalida y era pequeña y muy cariñosa. Además, estaba excesivamente delgada. Y, como el resto de animales domésticos, no se merecía quedarse sola en la calle. Bueno, aquí es cuando yo tengo el honor de presentaros a Freya:
Han pasado los días y la gata es cariñosa en exceso, híper dependiente, muy mimosa, buena y muy inteligente (un "gato-perro", vamos). De hecho, es llegar al sitio en el que está ella y ya empieza a ronronear sin que la toques. Y hace caso cuando le regañas...No podía dejar de preguntarme por qué la habían echado de casa. Ayer por la noche creí hallar la respuesta: la pobre gatita tuvo una crisis epiléptica. Estoy casi segura de que le dio una y la largaron. Así, por las buenas.
Es verdad que me llevé un susto muy grande, pero no se me ocurriría abandonar a un animal sólo porque está enfermo. Ni simplemente porque me molesta, ni por nada, joder, ni por nada. Quien abandona a un animal no tiene corazón, ni sentimientos, ni nada. No merece ni el aire que respira ni la extensión que ocupa su materia en el mundo.
Definitivamente, hay que decirlo más
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