La Coctelera

Categoría: Filosofía

Jack London: la filosofía en el talón de hierro

Alabado sea Dios porque no somos sabios

¿Qué sois vosotros, entonces?

Somos filósofos.

Ya alzásteis el vuelo -dijo Ernesto riendo-. Os salís del terreno real y sólido, y os lanzáis a las nubes con una palabra como una máquina voladora. Por favor, vuelva a bajar usted y dígame exactamente qué entiende por filosofía.

La filosofía es... (el doctor Hammerfield se compuso la garganta) algo que no se puede definir de manera comprensiva salvo a los espíritus y a los temperamentos filosóficos. El sabio que se limita a meter las narices en sus probetas no podría comprender la filosofía.

Ernesto pareció insensible a esta puya. Pero como tenía la costumbre de devolver el ataque al adversario, lo hizo sin tardanza. Su cara y su voz desbordaban fraternidad benigna.

En tal caso, usted va a comprender ciertamente la definición que voy a proponerle de la filosofía. Sin embargo, antes de comenzar, le reto a hacer notar los errores, o a observar un silencio metafísico. La filosofía es simplemente la más vasta de todas las ciencias. Su método de razonamiento es el mismo que el de una ciencia particular o el de todas. Por este método de razonamiento, método inductivo, la filosofía fusiona a todas las ciencias particulares en una sola y gran ciencia. Como dice Spencer, los datos de toda ciencia particular no son más que conocimientos parcialmente unificados, mientras que la filosofía sintetiza los conocimientos suministrados por todas las ciencias. La filosofía es la ciencia de las ciencias, la ciencia maestra, si lo prefiere. ¿Qué piensa usted de esta definición?

Jack London, El talón de hierro, pp. 24-25, Hiru, 2003.

P. S. No estoy muerta ni desaparecida: estoy de exámenes.

Tal día como hoy...

(1) Fallecía Tomás de Aquino cuando iba de camino al segundo Concilio de Lyon (1274).

(2) Tenían lugar las Condenas al Averroísmo (1277). Fueron prohibidas por el obispo de París, Esteban Tempier, un total de 219 proposiciones  (aquí está la carta de Tempier con la lista de proposiciones) entre las que, no sólo no existía una cohesión doctrinal, sino que, además, las había que eran perfectamente compatibles con el Cristianismo. En la carta introductoria de Tempier, señala que algunos estudiantes de artes habían sobrepasado los límites de su propia facultad (nonnulli Parisius studentes in artibus proprie facultatis limites excedentes). Asimismo, les acusa de afirmar lo que se ha venido llamando "teoría de la doble verdad", para eximirse de la responsabilidad que tienen de sus propias enseñanzas: "dicen que estas cosas son verdaderas según la filosofía, pero no según la fe católica, como si hubiera dos verdades contrarias (dicunt enim ea esse vera secundum philosophiam, sed non secundum fidem catholicam, quasi sint duae contrariae veritates)".

Los principales inculpados en estas Condenas son Siger de Brabante y Boecio de Dacia, pero también se encuentran tesis de Averroes, Avicena y Tomás de Aquino entre los "errores doctrinales". Tras las mismas, libros de Averroes, Avicena, Tomás de Aquino, Siger de Brabante y de otros averroístas fueron quemados en la calle y se excomulgó a quienes sostenían tales proposiciones.

Nota: También en Oxford, en 1277, el 18 de Marzo, se condenaron 30 proposiciones entre las que se encuentran asimismo algunas de Tomás de Aquino. En este caso, el artífice de las Condenas fue el arzobispo de Canterbury, Robert Kilwardby.

Para leer más:

Moreno Urbaneja, J.A., "Crisis del espíritu agustiniano en la polémica averroísta del siglo XIII", en Averroes y los averroísmos, Actas del III Congreso de Filosofía Medieval, pp. 327-337, SOFIME, Zaragoza, 1999.

Thijssen, Hans, "Condemnation of 1277", en The Stanford Encyclopedia of Philosophy.

Wippel, J. F. "The Parisian Condemnations of 1270 and 1277", en A Companion to Philosophy in the Middle Ages, pp. 65-73, Gracia, J.J.E. - Noone, T.B. (eds.), Blackwell Publishing Ltd., Malden (MA), 2002.

Wikipedia (en inglés): Thomas Aquinas (apdo.) Condemnation of 1277 and subsequent canonization.

Ockham y la crisis del siglo XIV

Poco es conocido de este filósofo del que lo más nombrado es su principio metodológico o "navaja de Ockham". Por considerar que merece un rincón en este humilde espacio, le dedicaré unas pocas líneas para ver si, por lo menos, a alguien le entra el gusanillo de profundizar un poco más en este hombre valiente que se atrevió a desafiar al propio Papa de Roma en plena Edad Media. Ahí es nada.

Breve reseña biográfica

Guillermo de Ockham (ca. 1287- ca. 1347) fue donado a los franciscanos a una edad muy temprana. En 1306 se ordena y, poco después, comienza a estudiar teología, estudios que nunca terminó. De ahí que se le conozca como "Venerabilis Inceptor" ("principiante venerable"), aunque también se le conocería como "Doctor Invincibilis" por la fuerza de sus argumentos.

La razón por la que no acabó sus estudios de teología es que, en 1324, tuvo que ir a Avignon, lugar en el que estaba la corte papal, a responder de la acusación de herejía. Allí le investigaron y se comenta que le pusieron bajo arresto domiciliario, aunque parece ser que esta afirmación es fruto de exageraciones. Nunca volvió a Inglaterra.

La acusación principal iba dirigida a los Franciscanos, que defendían la pobreza apostólica (esto es, el no poseer tierras, dinero o posesión alguna, como imitación de la vida de Cristo). Miguel de Ceseña, Ministro general de la orden franciscana, pidió a Ockham que estudiara esta cuestión, y éste llegó a la conclusión de que el punto de vista del Papa (Juan XXII en ese momento), rechazando lo que los franciscanos llamaban "imitación de la pobreza de Cristo", era herético. Además, al Papa se le había hecho ver que su postura era herética, con lo que era un hereje a sabiendas y, con ello, para Ockham, en realidad ni siquiera era el Papa.

Dada la situación, el 26 de mayo de 1328, Ockham, con un grupo de franciscanos, huyó de Aviñón, de noche y con caballos robados, hacia la corte de Luis de Baviera, candidato a emperador. A todos ellos les excomulgaron y persiguieron por haber abandonado Aviñón sin permiso. Sin embargo, su filosofía nunca fue condenada.

Primero, los fugitivos fueron a Italia hasta 1323, año en que se fueron a Munich. Durante su estancia allí, Ockham sólo escribió tratados políticos. De todos éstos, el más importante es el Breviloquium de principatu tyrannico papae o Breviloquium de potestate papae (Discurso breve sobre el gobierno tiránico del Papa o Discurso breve sobre el poder del Papa).

Sobre el gobierno tiránico del Papa

Antes de hablar del Breviloquium, es importante resaltar que la época que le toca vivir a Ockham es un momento de crisis. No sólo de crisis de la cristiandad, sino también en filosofía, en teología, social, etc. Asimismo, en este momento merma el poder papal.

Ockham contribuirá notablemente a esta crisis desde dos frentes. Por un lado, criticará la filosofía, la teología y la moral recibidas del siglo XIII. Por otro lado, luchará contra el régimen cristiano personificado en el Papa. En este sentido, hubo una disputa por el trono de emperador entre Luis de Baviera y Federico de Habsburgo y el Papa Juan XXII pidió recuperar el antiguo derecho de, en una situación dudosa, designar a uno de los dos candidatos para que se hiciera con la corona. Con esto pretendía que no fuera Luis de Baviera quien finalmente se estableciera como emperador. Además, Juan XXII reclamó para sí la regencia del trono alemán mientras que durase la disputa entre ambos aspirantes. Él será quien, posteriormente, excomulgue a Ockham.

La crítica del Breviloquium va dirigida contra el poder papal absoluto y tiránico. Entre los argumentos que da para criticar al Papa encontramos, por ejemplo, que, al alegar que el Imperio pertenece al Papa, se está haciendo una afirmación herética, puesto que el Imperio sólo es de Dios. O el defender la separación de Iglesia y Estado, diceiendo que el Papa sólo puede poner penas espirituales sin salir de sus "dominios". Además, Ockham recuerda que Cristo y sus apóstoles despreciaron todo tipo de bienes y honores temporales, y que "huele a manifiesta herejía decir que todo el poder de Cristo le fue concedido al Papa".

La crisis de la Teología

Para empezar, y frente a la mayoría de los católicos, que intentaban probar la existencia de Dios, él asegura que la creencia en Dios es una pura cuestión de fe. Rechaza, por esto mismo, todo argumento que intente probar la existencia de Dios, a la vez que argumenta en contra de las principales "pruebas de la existencia de Dios" que se dan en su momento, la ontológica y la cosmológica (ver aquí, parte 6, b i-ii).

Desde el punto de vista de Ockham, la teología es algo bien distinto de una ciencia. Quizá en nuestro tiempo esto pueda parecernos una soberana tontería, pero, en el tiempo de Ockham, la Verdad con mayúsculas no era  sino la teológica. Las proposiciones científicas tenían un status inferior al de las teológicas, hasta el punto de que más valía retirarlas si es que contradecían a las de la fe, pues la condena estaba prácticamente asegurada.

Pese a todo, él afirma que, para que la teología sea una ciencia, ésta tendría que proporcionarnos conocimiento. Sin embargo, el conocimiento nos viene dado por la experiencia y no tenemos experiencia de Dios, por lo que la teología no puede proporcionarnos conocimiento.

Otro de los argumentos que da para probar que la teología no es una ciencia es mostrar que se sale de los límites de la lógica. En realidad, lo que prueba es que la teología no es lógica y que, debido a esto, no debe mezclarse con la filosofía. Para hacer esto, toma el dogma de la Santísima Trinidad de la siguiente manera:

El dogma de la Santísima Trinidad nos dice lo siguiente:

  • 1. Dios es el Padre
  • 2. Jesús es Dios

por tanto, por transitividad*, de acuerdo a la doctrina de la Trinidad

  • 3. Jesús es el Padre.

Pero, de acuerdo a esta doctrina, Jesús no es el Padre. Y, a la vez, según la lógica, es el Padre, por lo que resulta que es el Padre y no es el Padre, lo que es lógicamente imposible.

*Nota: la transitividad (en lógica y matemáticas) nos dice que, en una relación entre tres elementos, si la relación entre el primero y el segundo de los elementos, y el segundo y tercer elemento, es la misma, también será la misma entre el primero y el tercero. Lógicamente, sería más o menos algo así: si de A se sigue B y de B se sigue C, entonces de A se sigue C (por transitividad).

De acuerdo con este ejemplo paradigmático del catolicismo, los dogmas como éste "se salen" de la lógica, por lo que hay que tratarlos de una manera distinta de la de la filosofía y, con ella, de la de la ciencia.

Para seguir leyendo:

Como se puede ver a simple vista, Ockham es un filósofo con mucho coraje cuyos argumentos, pese a quien pese, tienen muchísima fuerza. Contribuyó en gran medida a la crisis de la cristiandad iniciada en el siglo XIV. Asimismo, ayuda a quitarle fuerza a la teología, no sólo mostrando que carece del método demostrativo y de la validez que tiene la lógica, sino también mostrando que hay cuestiones en las que sólo la fe toma parte.

Por otro lado, su crítica al "gobierno tiránico del Papa" es una obra que recomiendo a todo el mundo, aunque sólo sea para leer el inicio de cada capítulo (donde dice de qué va a hablar), pues es una de las obras más grandes de pensamiento político medieval y, aunque está inacabada y acaba, en cierto modo, de súbito, merece la pena.

A Ockham también se le reconoce su contribución al posterior desarrollo de las ideas constitucionales occidentales, a la vez que tiene el mérito de, como se ha dicho en las líneas anteriores, ser uno de los primeros autores medievales en haber defendido la separación de Iglesia y Estado.

Además de su pensamiento político, Ockham tiene numerosas cuestiones lógicas y semánticas, de teoría del conocimiento, metodológicas, metafísicas, éticas, etc. muy interesantes. Para darles un vistazo general, os recomiendo los artículos que yo misma he utilizado para preparar este post, el de la Internet Encyclopedia of Philosophy y el de la Stanford Encyclopedia of Philosophy. Sí, están en inglés :(

La cuestión acerca de qué es la Navaja de Ockham exactamente, me la reservo para otro post, que éste ya es lo suficientemente largo.

Fuentes

 

Guillermo de Ockham, wikipedia en español.

Guillermo de Ockham, Sobre el gobierno tiránico del Papa, ed. Tecnos, 2008.

Juan XXII, wikipedia en español.

William of Ockham, Stanford Encyclopedia of Philosophy.

William of Ockham, Internet Encyclopedia of Philosophy.

William of Ockham, wikipedia en inglés.

 

 

Red de Jóvenes Investigadores en Filosofía

Éste ha sido mi gran descubrimiento de la semana (bueno, en realidad, del día). En la web de esta red, podéis publicar noticias sobre eventos filosóficos, conocer la agenda filosófica, las distintas becas, ayudas y premios en filosofía, participar en foros especializados...

Además, podéis conocer las distintas peticiones de artículos o "call for papers" de distintas publicaciones tanto nacionales como internacionales. También cuentan con una sección de artículos e investigaciones que va creciendo poco a poco, así como con varias direcciones de revistas de filosofía.

Os recomiendo encarecidamente que visitéis activamente esta web y que no os dejéis ni un solo rincón sin explorar.

En definitiva, es una manera de conocer y dar a conocer lo que se está haciendo en filosofía en España. Conocer el trabajo de otros investigadores y que otros conozcan el nuestro. Todo un acierto desde mi punto de vista.

Y lo mejor de todo es que os podéis suscribir por rss. ¡A qué esperáis para registraros!

La última entrevista a A. J. Ayer

¡Qué grande era este hombre!

La Vanguardia, Barcelona, martes 30 de mayo 1989, pp. 54-56. Última entrevista de Alfred Julius Ayer por Enrique Lynch.

¿Y que piensa usted de la actual tendencia especulativa que ha ganado a los físicos, especialmente en el campo de la astrofísica?

No me sorprende y debo decir que, si me sorprendiera, no sería, desde luego, una sorpresa favorable. Por ejemplo, hace poco publiqué una reseña del libro de Stephen Hawking “Historia del tiempo”. En ella afirmo que Hawking es muy ingenuo. Analicé su noción de un tiempo reversible y demostré que es inconsistente, por no decir que su teoría física es incomprensible para un filósofo.

¿”Ingenuo”? ¿Quiere decir usted que las especulaciones científicas, en cuanto tienen de metafísica, son puras pamplinas?

Por supuesto, la metafísica, cualquiera sea, es una tontería. Heidegger o Derrida son unos vulgares charlatanes.

¿Y no encuentra usted que su posición es algo dogmática?

Mire usted, yo los he leído. Sus textos me parecen puro teatro y por otra parte no suelo hacer afirmaciones a priori. Me he metido en Ser y Tiempo, por ejemplo. De Derrida no he leído gran cosa, pero cuando vino a Oxford y empezó con sus juegos de palabras y se puso a hablar de “diferencia” y “diferancia” pensé: “Esto es puro bla bla” y se lo dije.

¿Y qué le respondió Derrida?

Puso cara de sorpresa. Hace poco, el año pasado, durante un debate convocado por Ronald Penrose en el Institute of Contemporary Art de Londres acerca de toda clase de temas, historia, semántica, filosofía, física, etcétera, con representantes de Francia y de Inglaterra –se suponía que Derrida venía por su país y yo representaba al mío– él faltó a la cita. No se atrevió a enfrentarse conmigo y envió a un discípulo que, como era de esperar, no daba la talla.

Los ejemplos de Quine y Goodman no son representativos del análisis filosófico toda vez que se trata de personalidades heterodoxas en su tradición, incluso se diría que han señalado una posición crítica...

Tiene usted razón en cuanto a Quine, por ejemplo en el tema de la analiticidad, pero por muy críticos que sean, pertenecen a la escuela analítica y así se reconocen a sí mismos. Sólo quedamos tres miembros del antiguo Círculo de Viena: Quine, yo y un chino llamado Chan Hoon. Quine y Goodman, en cualquiera de sus libros, están muchísimo más allá de cualquier cosa que Rorty haya hecho o pueda hacer en el futuro. No hay asomo de comparación posible.

Lo cierto es que la escuela analítica se ha constituido como tradición autorreferente, de espaldas a la gran tradición de la filosofía occidental ¿no le parece?

De ninguna manera. El análisis filosófico se remonta a Sócrates.

¿Llamaría usted “análisis” a la mayéutica socrática?

¿Qué hacía si no Sócrates, cuando preguntaba qué es la justicia o que es conocer? ¿No buscaba la misma precisión que ha sido el empeño de la filosofía británica con el análisis? Sócrates entendía esa precisión como un efecto psicológico, pero la meta era la misma que el análisis. Ahí tiene usted el principio de causación en Hume...

Menciono a Adorno porque tiene un papel destacado en la filosofía continental de este siglo que, dicho sea de paso, ha seguido un curso muy diferente de la anglosajona.

La brecha a la que usted alude ya no es tan marcada como en otras épocas porque los alemanes –los franceses no sé por qué siempre han seguido al pie de la letra a los alemanes– han desarrollado un interés especial por la filosofía del lenguaje, libres ya de la influencia del existencialismo. […] Sé que Habermas es un pensador respetable, aunque no lo he leído, de modo que no me siento competente en la materia. En cambio, sí he leído a Heidegger: puro sin sentido, palabreo inconsciente.

¿Y del compromiso nazi de Heidegger?

No me sorprende en absoluto porque era un estafador.

Encontrada en la web de mi director de tesis

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Modalidades en lógica

Dentro de las Lógicas No Clásicas (aquí hay una introducción) se encuentran las lógicas extendidas. Las Lógicas Extendidas son aquéllas que, por considerar que la Lógica Clásica (LC) es insuficiente, hacen sistemas suplementarios que aceptan los axiomas y teoremas de LC, pero añadiendo algunos más: suplementan a LC.

Una Lógica Extendida es la Lógica Modal. La base de este sistema consiste en considerar que las proposiciones pueden no sólo ser verdaderas o falsas, sino que son verdaderas o falsas de distintos modos. Por ejemplo, una proposición puede ser verdadera sin más, o falsa sin más. Pero también puede ocurrir que la proposición tenga que ser verdadera (esto es, que no pueda ser falsa), y a la inversa, que sea falsa y que no pueda ser verdadera.

Así, si una proposición tiene que ser verdadera, diremos que es necesariamente verdadera. Si es necesariamente falsa (i. e., si tiene que ser falsa), diremos que es imposible. Si una proposición puede ser verdadera, es decir, si no es imposible, diremos que es posible (de ahí que todas las proposiciones necesarias sean posibles, pero no a la inversa). Si no es necesaria ni imposible, la proposición es contingente (con lo que, de las proposiciones contingentes, unas serán verdaderas y otras falsas).

Hay que señalar que estamos hablando de proposiciones que tienen que ser verdaderas o falsas en sentido lógico y, por lo tanto, hablamos de necesidad, posibilidad, imposibilidad y contingencia lógicas. Por eso, proposiciones del tipo "todos los metales se dilatan al calentarse" no se considerarán necesarias, pues, aunque consideremos que es imposible negarlas, se apoyan en hechos físicos. Sí se tomarán como necesarias las verdades de tipo analítico, como "ningún soltero es casado" o como "llueve o no llueve".

Todas las modalidades están relacionadas entre sí, de tal manera que se podrían explicar tres nociones modales cualesquiera a partir de la cuarta. Tomemos, por ejemplo, la noción de "necesidad" para explicar el resto: una proposición imposible es la que es necesariamente falsa; si no es necesariamente falsa, es que es posible; si no es necesariamente verdadera ni falsa, entonces es contingente.

Esta forma de entender las modalidades es alética (del griego aletheia, "verdad"), porque se refiere a la verdad o falsedad de las proposiciones. Sin embargo, además de los modos aléticos, también se pueden considerar como modos temporales (si consideramos la verdad de la proposición de modo temporal) o deónticos (si consideramos la verdad de la proposición de manera relacionada con el deber). Eso sí, cuando hablamos de "lógica modal" en sentido estricto, hablamos de "lógica modal alética". En el resto de casos, hablamos de lógica temporal o deóntica.

Con respecto a los modos en lógica temporal, el introducir nociones temporales en lógica viene del hecho de haber intentado reducir las nociones modales a nociones temporales. La primera línea de reducción de las nociones modales a las temporales es la que llevó a cabo la lógica de los megáricos. Éstos definieron lo posible como aquello que está realizado en algún tiempo, y lo necesario es lo que está realizado en todo tiempo.

Las definiciones de las modalidades que más interés suscitan (a la vista del desarrollo de la lógica actual), son las de Diodoro Cronos, según las cuales lo posible es lo que es verdadero o lo que va a ser verdadero; lo imposible como lo que es falso y nunca será verdadero; y lo necesario como aquello que es verdadero y que nunca será falso. Como se aprecia, en sus definiciones Diodoro tiene en cuenta los tiempos presentes y futuros, pero no el pasado. En lógica temporal actual no es esto lo que ocurre, pues hay operadores para pasado (P) y para futuro (F), mientras que para el presente basta con la proposición sin operadores temporales.

Con respecto a los modos deónticos, se busca una  reducción de nociones modales a nociones deónticas tras haber observado una analogía formal entre los conceptos de necesidad, posibilidad e imposibilidad y las nociones de obligación, permisión y prohibición. La lógica deóntica se ocupa de los conceptos normativos y axiológicos, de la completitud de los sistemas jurídicos, etc.

Desde este punto de vista deóntico, podemos hacer una serie de comparaciones con los modos clásicos aléticos. Así, lo necesario en lógica modal, en lógica deóntica es lo que es obligado; lo posible, lo que está permitido; lo imposible, lo que está prohibido, y lo contingente, aquello que es facultativo.

Con esto, hemos hecho un recorrido a las principales modalidades que hay en lógica. No sólo las hemos visto desde un punto de vista alético (el clásico), sino también desde un punto de vista temporal y deóntico. Aunque el artículo sea breve (porque espero que os haya resultado breve, aunque sea de lógica, porfa), da cuenta de un modo general de estas cuestiones.

Espero que os sea útil. Aunque la utilidad en filosofía es algo taaaan etéreo...  ;)


Fuentes:

Prior, A. N.,  Historia de la Lógica, Tecnos, Madrid, 1976.

Apuntes de Juan Carlos León, profesor de Lógicas No Clásicas de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia.

La excomunión del hereje Spinoza

Baruch Spinoza nació un 24 de noviembre de 1632 en Amsterdam. En esta ciudad, un gran número de científicos, filósofos y artistas convivían en armonía y daban esplendor a la ciudad con sus grandes aportaciones artísticas y tecnocientíficas. Además, el Amsterdam del siglo XVII era una ciudad ejemplo de tolerancia y de amor a la libertad entre sus ciudadanos. En ella vivían judíos,polacos, y otros europeos.

Descendiente de judíos expulsados de España, Baruch Spinoza, también judío, se inició desde muy pequeño en el estudio del hebreo y de la religión y tradición judías. Parece ser que pronto empezó a hacer preguntas “incómodas” o difíciles de responder a los rabinos que le instruían. Las repuestas que éstos le daban no le satisfacían en la mayoría de los casos.

En una de las librerías de Amsterdam (había unas 4001), conocería Spinoza al librero y latinista van den Enden, quien defendía el amor libre y al que se le acusaría de “sembrar la simiente del ateísmo”. Un ex-alumno suyo definiría posteriormente a este librero como alguien “completamente sin Dios”. Fue su hija Clara María la que enseñó latín a Spinoza.

Poco a poco, Baruch se fue apartando de la comunidad judía y los rumores apuntaban a que sostenía ideas heréticas y execrables para sus coetáneos, tanto para los judíos como para los cristianos. Los rumores parecen ciertos, porque Spinoza, en sus obras de madurez, sugiere, por ejemplo, que la Biblia es una invención humana, o que no hay inmortalidad personal, entre otras herejías.

A causa de estos rumores, llegaron a intentar asesinar al filósofo. Sin embargo, el cuchillo con el que se produjo tal intento sólo llegó a rajarle el abrigo sin herirle. El agresor huyó, y Spinoza guardó el abrigo como recuerdo del incidente y como advertencia de lo que podría ocurrirle.

Finalmente, los antiguos amigos de Baruch le denunciaron ante la comunidad judía. Muchas personas testificaron en el juicio al que se le sometió, todos confirmando los rumores. Ante esto, uno de los miembros del tribunal le ofreció una gran suma de dinero (casi una fortuna) para que rechazara en público sus puntos de vista heréticos. Sin embargo, el filósofo rechazó la oferta alegando que, de aceptarla, se estaría comportando como un hipócrita.

En otro intento por sacarle de su error, uno de los maestros de Spinoza intentó hacerle entrar en razón, advirtiéndole de lo que podría ocurrirle. A esto, él respondió que no sólo era consciente de la gravedad de la amenaza, sino que le dijo al rabino que él mismo le enseñaría cómo debía excomulgarle “a cambio de las molestias que se había tomado en enseñarle la lengua hebrea”. A esto, el maestro respondió que sólo volvería “con un rayo en la mano”.

Finalmente, el 27 de julio de 1656, se leyó en la sinagoga el veredicto por medio del cual se excomulgaría a Spinoza:


Los señores del Mahamad (...) habiendo tenido conocimiento de las perversas opiniones y acciones de Baruch de Spinoza, han intentado por varios medios y promesas apartarle del mal camino. Pero no habiendo podido reformarle, sino más bien al contrario, recibiendo diariamente más información sobre las abominables herejías que practicaba y enseñaba, y sobre las monstruosas acciones que cometía, y teniendo de ello los numerosos testimonios fidedignos que han aportado a este efecto varios testigos en presencia del tal Spinoza, han decidido (...) que el tal Spinoza sea excomulgado y expulsado del pueblo de Israel (...). Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito al acostarse y maldito al levantarse. Maldito sea al entrar y maldito sea al salir. No quiera el Altísimo perdonarle, sino que su furor y su celo abracen a este hombre; lance sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta Ley, y borre su nombre de bajo los cielos.

Asimismo, prohibieron relacionarse con él a todos los miembros de la comunidad judía. Nadie, ni siquiera su familia, podía compartir alimentos o negociar con él. Tampoco podían hablar con él. Es como si estuviera muerto para la comunidad.

Spinoza, ya como judío apóstata, abandonó Amsterdam y empezó a ser un hombre completamente libre y así se consideraba a sí mismo, como ciudadano de una república libre, no como miembro de una comunidad determinada. La carta con la que abre su primera obra filosófica original, el Tractatus Theologico-Politicus, refleja estos sentimientos:

Dado que tenemos la buena fortuna de vivir en una comunidad en la que la libertad de juicio está plenamente garantizada al ciudadano individual, que puede rendir culto a Dios como le plazca, y en la que nada es tenido en mayor estima ni como más valioso que la libertad, creo que no emprendo una tarea ingrata o infructuosa al demostrar que esta libertad no solamente puede garantizarse sin poner en peligro la piedad y la paz de la comunidad, sino que la paz de la comunidad y la piedad dependen de esta libertad.

Fuente:

Stewart, M., El hereje y el cortesano. Spinoza,Leibniz, y el destino de Dios en el mundo moderno, Biblioteca Buridán, 2006.

1En Holanda la producción de libros era mayor debido a que la mayoría de autores enviaba sus libros allí para que fueran publicados. Además, en las librerías se podían consultar libros prohibidos en el resto de Europa.

Boecio de Dacia: una defensa de la autonomía de la filosofía y la ciencia en el siglo XIII

Boecio de Dacia, cuyas fechas de nacimiento y muerte se desconocen, era un averroísta. La tesis principal del averroísmo, desde el punto de vista de mis investigaciones, es la reivindicación de la autonomía de la filosofía y, por ende (en su tiempo), de la ciencia, frente a la teología. Básicamente, los averroístas defendían la independencia del saber científico y filosófico de la fe. Quizá esto, hoy en día, nos parezca una cuestión evidente, pero no era así en su época, en la que todos los saberes estaban subordinados a la teología. En su momento, el de estos pensadores era un gesto valiente. Su gesto supone reivindicar la autonomía de la razón en el siglo XIII. Un "atrévete a saber", con independencia de la tutela de la religión, anterior al acostumbrado (siglo XVIII).

En las condenas que se hicieron al averroísmo en 1277, se le señala como "el principal defensor de estos artículos". Sin embargo, si se leen con atención las 219 proposiciones condenadas, fácilmente se aprecia la imposibilidad de sostenerlas todas a la vez, pues muchas se contradecían entre sí, y la compatibilidad de algunas de ellas con preceptos de la fe cristiana. Todo ello debido a que la compilación de las mismas se hizo de manera precipitada. También se tergiversaron las proposiciones que a él se le atribuían. Sin embargo, no es éste el tema de este post, así que no me detendré más en ello.

Sus obras más conocidas son De summo bono (Acerca del supremo bien) y su Tractatus de aeternitate mundi (Tratado sobre la eternidad del mundo), pero también se conservan obras de lógica, gramática y filosofía natural.

Para defender la autonomía de los saberes, afirma que cada ciencia tiene su propia esfera definida de conocimiento y que, por lo tanto, su validez se restringe a aquello que es racionalmente demostrable desde sus principios. Así, una ciencia determinada sólo puede demostrar en términos de sus propios principios, y, por lo mismo, las conclusiones que podemos extraer de una ciencia son relativas a los principios de los que éstas se han inferido.

De este modo, el filósofo puede llegar a conclusiones que son distintas de lo que dice la fe, pero éstas en realidad no la contradicen, pues sólo son verdaderas en relación a un ámbito determinado de conocimiento. Son ámbitos independientes: filosofía y fe no se contradicen entre sí, pues operan a niveles distintos. Mientras que las verdades de la filosofía se obtienen por medio de argumentos, las verdades de la fe no pueden argumentarse: se creen sin más.

Eso sí, Boecio bien se cuida de delimitar exactamente hasta dónde llega cada ámbito del conocimiento: ni con la matemática, ni con la física, ni con la metafísica, podemos demostrar las verdades de la fe. Éstas, dice el cristiano Boecio, se creen, no se argumentan.

En cuestiones de fe, hay que atenerse a la autoridad divina, y no a los argumentos que el hombre pueda dar desde las causas naturales.

En su Tratado sobre la eternidad del mundo, Boecio de Dacia hace, en sus últimas páginas, una gran defensa del saber filosófico como tarea del sabio, es decir, como la tarea más elevada de todo aquél que lleva la vida más excelsa (definida por él en De summo bono como "hacer el bien, conocer la verdad, y deleitarse en ambas cosas"). Ataca en el Tratado a quienes sostienen que la filosofía destruye la fe cristiana (que era lo que la mayoría de teólogos sostenía en ese momento), afirmando que, quienes así opinan, no conocen cómo opera el filósofo: los principios de la ciencia del filósofo no alcanzan a las cuestiones de fe. De hecho, afirma que “como muchas de las cosas que establece la fe son (...) cosas que no pueden investigarse por medio de la razón humana, por eso allí donde falla la razón, la completa la fe".

Incluso añade que, quien afirma que la filosofía va contra la fe, es que no sabe lo que es la filosofía: "si alguien (...) no puede entender las cosas tan difíciles, entonces que obedezca al sabio y que crea la fe cristiana"

No hay, así, una "doble verdad", como se les presupone a los averroístas, sino que filosofía y fe son cosas distintas e independientes para él. De ahí la principal proposición por la que se condena a Boecio (proposición 10 de las Condenas de 1277):

“No hay ninguna cuestión cuya conclusión sea demostrable racionalmente que el filósofo no deba discutir y determinar".

Lo que no se suele decir es cómo continúa esta proposición en el escrito del que se extrajo (Tractatus de aeternitate mundi):

."Ahora bien,ningún filósofo puede demostrar racionalmente que haya un primer movimiento y que el mundo sea nuevo (...) y tampoco puede demostrar que sea eterno”

P. S. Las traducciones de las citas de Boecio son mías.