La Coctelera

Categoría: Filosofía Medieval

16 Diciembre 2008

Boecio de Dacia, cuyas fechas de nacimiento y muerte se desconocen, era un averroísta. La tesis principal del averroísmo, desde el punto de vista de mis investigaciones, es la reivindicación de la autonomía de la filosofía y, por ende (en su tiempo), de la ciencia, frente a la teología. Básicamente, los averroístas defendían la independencia del saber científico y filosófico de la fe. Quizá esto, hoy en día, nos parezca una cuestión evidente, pero no era así en su época, en la que todos los saberes estaban subordinados a la teología. En su momento, el de estos pensadores era un gesto valiente. Su gesto supone reivindicar la autonomía de la razón en el siglo XIII. Un "atrévete a saber", con independencia de la tutela de la religión, anterior al acostumbrado (siglo XVIII).

En las condenas que se hicieron al averroísmo en 1277, se le señala como "el principal defensor de estos artículos". Sin embargo, si se leen con atención las 219 proposiciones condenadas, fácilmente se aprecia la imposibilidad de sostenerlas todas a la vez, pues muchas se contradecían entre sí, y la compatibilidad de algunas de ellas con preceptos de la fe cristiana. Todo ello debido a que la compilación de las mismas se hizo de manera precipitada. También se tergiversaron las proposiciones que a él se le atribuían. Sin embargo, no es éste el tema de este post, así que no me detendré más en ello.

Sus obras más conocidas son De summo bono (Acerca del supremo bien) y su Tractatus de aeternitate mundi (Tratado sobre la eternidad del mundo), pero también se conservan obras de lógica, gramática y filosofía natural.

Para defender la autonomía de los saberes, afirma que cada ciencia tiene su propia esfera definida de conocimiento y que, por lo tanto, su validez se restringe a aquello que es racionalmente demostrable desde sus principios. Así, una ciencia determinada sólo puede demostrar en términos de sus propios principios, y, por lo mismo, las conclusiones que podemos extraer de una ciencia son relativas a los principios de los que éstas se han inferido.

De este modo, el filósofo puede llegar a conclusiones que son distintas de lo que dice la fe, pero éstas en realidad no la contradicen, pues sólo son verdaderas en relación a un ámbito determinado de conocimiento. Son ámbitos independientes: filosofía y fe no se contradicen entre sí, pues operan a niveles distintos. Mientras que las verdades de la filosofía se obtienen por medio de argumentos, las verdades de la fe no pueden argumentarse: se creen sin más.

Eso sí, Boecio bien se cuida de delimitar exactamente hasta dónde llega cada ámbito del conocimiento: ni con la matemática, ni con la física, ni con la metafísica, podemos demostrar las verdades de la fe. Éstas, dice el cristiano Boecio, se creen, no se argumentan.

En cuestiones de fe, hay que atenerse a la autoridad divina, y no a los argumentos que el hombre pueda dar desde las causas naturales.

En su Tratado sobre la eternidad del mundo, Boecio de Dacia hace, en sus últimas páginas, una gran defensa del saber filosófico como tarea del sabio, es decir, como la tarea más elevada de todo aquél que lleva la vida más excelsa (definida por él en De summo bono como "hacer el bien, conocer la verdad, y deleitarse en ambas cosas"). Ataca en el Tratado a quienes sostienen que la filosofía destruye la fe cristiana (que era lo que la mayoría de teólogos sostenía en ese momento), afirmando que, quienes así opinan, no conocen cómo opera el filósofo: los principios de la ciencia del filósofo no alcanzan a las cuestiones de fe. De hecho, afirma que “como muchas de las cosas que establece la fe son (...) cosas que no pueden investigarse por medio de la razón humana, por eso allí donde falla la razón, la completa la fe".

Incluso añade que, quien afirma que la filosofía va contra la fe, es que no sabe lo que es la filosofía: "si alguien (...) no puede entender las cosas tan difíciles, entonces que obedezca al sabio y que crea la fe cristiana"

No hay, así, una "doble verdad", como se les presupone a los averroístas, sino que filosofía y fe son cosas distintas e independientes para él. De ahí la principal proposición por la que se condena a Boecio (proposición 10 de las Condenas de 1277):

“No hay ninguna cuestión cuya conclusión sea demostrable racionalmente que el filósofo no deba discutir y determinar".

Lo que no se suele decir es cómo continúa esta proposición en el escrito del que se extrajo (Tractatus de aeternitate mundi):

."Ahora bien,ningún filósofo puede demostrar racionalmente que haya un primer movimiento y que el mundo sea nuevo (...) y tampoco puede demostrar que sea eterno”

P. S. Las traducciones de las citas de Boecio son mías.

10 Agosto 2008

Éste es el primero de una pretendida “saga” de posts destinados a argumentar que no se puede acusar a los averroístas de defender una tesis tal como la de la doble verdad. La finalidad de esto es intentar mostrar que ellos fueron pioneros en apelar a la autonomía de la filosofía y que sus ideas tuvieron gran repercusión a la hora de lograr la secularización de los saberes y, con ella, el desarrollo de las ciencias especializadas. Trataré este tema en pequeñas dosis (aunque este post sea bastante largo, pero me perdonaréis porque llevo tiempo sin escribir).

Usualmente, se ha venido sosteniendo que la corriente averroísta mantenía una tesis llamada “teoría de la doble verdad”. Antes de empezar con el origen de la teoría de la doble verdad, hay que delimitar quiénes eran exactamente los averroístas y cuál era el contexto ideológico en el que se situaban.

La corriente averroísta surge tras la entrada de las obras de Aristóteles en la Universidad de París (finales del siglo XII, principios del XIII1). Dicha entrada tiene tal repercusión que prohíben la lectura de las obras en varias ocasiones (1210, 15, etc.)2. Asimismo, en la Universidad de París, los filósofos y teólogos se posicionan al respecto en la lucha doctrinal que se inicia en este momento. Por un lado, Buenaventura y John Peckham, cuya postura se puede calificar de “extremismo cristiano”. Ellos afirman que no existe filosofía sin fe. Por otro lado hay una postura más moderada o de “aristotelismo ortodoxo”, que es la de Tomás de Aquino y Alberto Magno, caracterizada por mezclar el aristotelismo con elementos neoplatónicos. Y, por último, la postura averroísta, que es la de, Siger de Brabante y Boecio de Dacia, entre otros. Podemos calificarla de “aristotelismo radical” o “aristotelismo heterodoxo”.

Hay que especificar que “averroísta” no significa “seguidor de Averroes” (pues entonces Alberto Magno y Tomás de Aquino serían averroístas3). Tampoco es averroísta el que acepta tesis de Averroes. Los averroístas son aquéllos que, en la Facultad de Artes de la Universidad de París aceptan e interpretan doctrinas derivadas de Averroes4.

Ahora bien, ¿de dónde salen esas doctrinas de Averroes de las que se habla en la recepción de Aristóteles? La respuesta es que las obras de Aristóteles venían desde España con comentarios de Averroes, el “commentator” del Filósofo por excelencia.

Una vez delimitadas las posiciones, pasemos al tema que nos ocupa: la teoría de la doble verdad. Ésta es la principal acusación que se les hace a los averroístas. Supuestamente, ellos sostenían que las verdades de la teología y las de la filosofía eran independientes entre sí hasta el punto de que podía ser que una proposición fuera verdadera de acuerdo a la teología pero falsa según la filosofía. Esto implicaría la posibilidad de que existieran verdades contradictorias entre sí. Por ejemplo, la fe nos dice que el mundo ha sido creado, pero si argumentamos filosóficamente (al modo de Aristóteles), hemos de sostener que el mundo es eterno.

Fuentes:

  • Blanco Caballero, A., Averroísmo de París: Presupuestos epistemológicos y racionaturalistas en las condenaciones de 1270-1277, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1988.

  • VV. AA., Actas del III Congreso Nacional de Filosofía Medieval, Sociedad de Filosofía Medieval, Zaragoza, 1999.

1Hasta finales del siglo XII, Occidente sólo tenía las obras lógicas de Aristóteles.

2Dedicaré un post a las prohibiciones y condenas de la obra Aristóteles en algún momento de mi existencia. Y no podréis detenerme.

3Yo sostengo, tras mis investigaciones y lecturas sobre el tema, que Tomás de Aquino sí que era averroísta, pero como esto hay que demostrarlo y usualmente se sostiene lo contrario, lo dejo para otro posible post y acepto esto en aras de la argumentación.

4El origen del término “averroistae” viene de un uso despectivo que hizo Ramón Llul al acusar a algunos filósofos de ser continuadores de las ideas que se condenaron en 1277.

Artículos relacionados.

11 Noviembre 2007

En este momento estoy liada con cuestiones de Filosofía Medieval (entre otras cosas). Especialmente estoy ocupada en lo que tiene que ver con las Condenas que se hicieron en París al averroismo en el año 1277.

Le he echado un vistazo a la lista de las proposiciones condenadas (qué pasa, a veces me entretengo leyendo cosas jodidamente raras) y he encontrado algunas que me han dejado muy sorprendida.

¡Decir estas cosas en pleno siglo XIII! ¡Es que se la estaban buscando ellos solos! Hale, sin más intermedios, paso a poner aquí algunas de las proposiciones condenadas que más me han llamado la atención por el contenido:

  • CLII: Quod sermones theologi fundati sunt in fabulis.

    Que los sermones del teólogo están fundados en habladurías.

  • CLXVIII: Quod continentia non est essentialiter virtus.

    Que la continencia no es esecialmente virtud.

  • CLXIX: Quod perfecta abstinentia ab actu carnis corrumpit virtutem et speciem.

    Que la perfecta abstinencia en la acción de la carne corrompe a la virtud y a la especie.

  • CLXXIV: Quod fabulae et falsa sunt in lege christiana, sicut in aliis.

    Que hay habladurías y cosas falsas en la ley cristiana, tal y como en otras cosas.

  • CLXXV: Quod lex christiana impedit addiscere.

    Que la ley cristiana impide ampliar conocimientos.

  • CLXXVI: Quod felicitas habetur in ista vita, et non in alia.

    Que la felicidad se tiene en esta vida, y no en otra.

¿No os parece un puntazo decir esto en aquella época?

P. S. Por cierto, la traducción es mía. Si alguien tiene algún problema con ella, que avise a mi abogado.

23 Abril 2007

Esta es la segunda parte de este post . ¿Por qué escribir sobre filosofía medieval un lunes? Bueno, y yo qué sé. El caso es que el mal ya está hecho. Si a alguien le causo trastornos mentales, que hable con mi abogado.

Antes de empezar quiero decir que los averroístas fueron los primeros en reivindicar la autonomía de la razón y el derecho a filosofar fuera de dogmas. Al contrario de lo que se cree, no tuvimos que esperar al siglo XVIII para que esto llegara. Lo que ocurrió fue que la represión fue muy dura y quedó reflejada en sendas condenas al pensamiento más o menos libre. Y, dicho esto, vamos al tema que nos ocupa.


En 1270, Étienne Tempier, quien había sido nombrado obispo de París en 1268, condenará, el 10 de diciembre, trece
proposiciones por ser “inaceptables en el ámbito del cristianismo”.

Dichas proposiciones se resumen en cuatro temas: la eternidad del mundo, la negación de la providencia universal de Dios, el monopsiquismo y el determinismo de la voluntad por los astros.

Antes de elaborar esta lista de proposiciones prohibidas, Egidio Lessines consultó a Alberto Magno sobre las proposiciones que condenar. El resultado de esta consulta es el De quindecim
problematibus. De estos quince “problemas”, trece componen la
lista de proposiciones que fueron condenadas.

Aún así, esta condena no impediría el desarrollo y crecimiento del averroísmo.

De hecho, los aristotélicos radicales continuaban enseñando estas tesis, hasta que, ya en 1277, se promulga una segunda condena que contenía tanto términos heréticos como legítimos, al haber sido hecha la compilación de proposiciones de modo precipitado. Los principales inculpados en esta condena son Siger de Brabante y Boecio de Dacia, otro aristotélico heterodoxo. Asimismo, esta condena incluía tesis de Tomás de Aquino, muerto justo 3 años antes. La condena fue procla­mada el día del tercer aniversario de su muerte, el 7 de Marzo de 1277.

Al parecer, el Papa Juan XXI escribió a Tempier pidiéndole que examinara los errores de falsas enseñanzas debidos a una posible herejía. A esto, el obispo de París respondió elaborando, en sólo seis semanas, una lista de 219 proposiciones que, en muchos casos, habían sido extraídas literalmente de obras escritas, además de que no había entre ellas una cohesión doctrinal. Tras la publicación de esta lista se excomulgó a quienes sostenían estas proposiciones.

Más información:

Condenas de 1277

Interesante artículo al respecto en The Economist

Post relacionado.

PD) No sé qué narices le pasa al editor de textos que no puedo separar los párrafos. Ni siquiera añadiendo saltos de línea "a la antigua usanza". Por eso aparece todo hecho un bloque sin separación. Lo siento mucho.

7 Marzo 2007

Esta mañana ¡por fin! he defendido mi trabajo sobre Siger de Brabante. Y me han puesto ¡matrícula!¡toma ya!
Habrá que hacerle algunos "apaños" para que quede más profesional, más "editable", pero la traducción está bien, y eso es lo más importante.
Hoy estoy contenta porque he visto la recompensa al trabajo duro. Aún así, la verdad es que tenía ganas de terminar ya con el texto y dejar a un lado todo lo que tiene que ver con la cuestión de la eternidad del mundo en el siglo XIII. Pero parece ser que no será esto lo que ocurra, porque tengo que mejorar algunas cuestiones formales y extenderme un poco más en la introducción.
Bueno, alguien tiene que hacer el trabajo duro.

Por último, si alguien quiere el texto de Siger de Brabante en castellano porque lo está estudiando o algo así, y el castellano le resulta más fácil que el latín, yo no tengo ningún inconveniente en enviarle un borrador. Me manda un mail para decírmelo y listo.

Y ahora, a otra cosa, mariposa.

18 Enero 2007

Acabo de terminar mi trabajo sobre el mal llamado "averroísmo latino" (a mí me gusta más llamarlo aristotelismo heterodoxo o radical, como hace van Steenberghen). Pues bien, sorprendentemente, hay más gente que se interesa por estos temas ( y de esto tengo pruebas). Por eso, y porque el blog es mío, voy a hablar un poco de este tema. De momento, que no cunda el pánico, que será en pequeñas dosis, para que nadie se me agobie.

Empezaremos por hablar muy brevemente de la vida de Siger de Brabante:

Siger de Brabante (ca. 1235-ca. 1282) era el principal exponente del movimiento aristotélico radical. Él era un sacerdote secular, canónigo en San Pablo, en Liége, que ejercía como maestro en la Facultad de Artes. En La Divina Comedia (Paraíso, X, 133-38), Dante lo situa en el cuarto cielo, morada de los sabios, junto a Isidoro de Sevilla y Alberto Magno.
En 1270, Étienne Tempier, quien había sido nombrado obispo de París en 1268 condenará, el 10 de diciembre, trece proposiciones por ser “inaceptables en el ámbito del cristianismo”. También en 1277 se promulgó una segunda condena, esta vez de 219 proposiciones. Los principales inculpados en dicha condena son Siger de Brabante y Boecio de Dacia, otro aristotélico heterodoxo.
Libros de Avicena, Averroes y otros averroístas se quemaron públicamente. También quemaron obras de Tomás de Aquino y de Siger. Éste último, al que, junto a Avicena y Averroes, habían nombrado en las condenas, vio cómo quemaban sus libros en la calle.
Poco después de la muerte del Tomás de Aquino, el 23 de Noviembre de 1276, citaron a Siger ante el inquisidor de Francia. Parece que fue al poco tiempo de aquello, tras haber sido acusado de herejía y también cansado de que se le hicieran acusaciones por la calle, cuando Siger se fue de París.
Se fue a Orvieto dispuesto a llevar una vida de oración lejos de toda disputa. Siete años después de llegar, el amanuense al que dictaba le asesinó. Se comenta que lo hizo con la pluma con la que escribía. Tras esto, muchos de sus críticos dijeron que merecía tal muerte al haber sido la pluma el arma con la que él había hecho tanto daño.

2 Enero 2007

Proposición 183:

"Quod simplex fornicatio, utpote soluti cum soluta, non est peccatum"

Más o menos: "Que la simple fornicación, siendo entre soltero y soltera, no es pecado"
Decir esto en el siglo XIII es un puntazo. No me extraña que ésta se encuentre entre las proposiciones que Tempier condenó en 1277 en París.

En este momento estoy liada con estos rollos del mal llamado "averroísmo latino". Seguiremos informando.

* La proposición condenada la cito de Blanco Caballero, A. Averroísmo en París: Presupuestos epistemológicos y racio-naturalistas en las condenaciones de 1270-1277
. Edita Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1988

12 Abril 2006

Hoy toca una de filosofía medieval. Y al que no le guste, pos que no lo lea, que yo no obligo a nadie.
El argumento ontológico*1 de San Anselmo aparece en el Proslogion. Es un argumento sencillo acerca de la existencia de Dios y sus atributos. ¿Cuál es éste argumento?

1) Dios es aquello mayor que lo cual nada puede pensarse (Deus enim est id quod maius cogitari non potest)
2) Si el insensato, el ateo, el que no sabe (el insipiens, o sea, el no-sapiens)dice que Dios no existe (Deus non est) dice "Dios", esto es, tiene en sí la idea de Dios, entiende el concepto. Está, por lo tanto, en su entendimiento.
3) Dios no puede existir sólo en el pensamiento, pues tiene todas las perfecciones, y, si le faltara la existencia, no sería aquello mayor que lo cual nada puede pensarse.
4) Es impensable que Dios no exista y nadie puede estar convencido de lo impensable.


Aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existe, por lo tanto, no sólo en el entendimiento, sino también en la realidad.

Contra esto, Gaunilón, en el Liber pro insipiente*2,argumentará que no por el hecho de que yo piense en la isla más perfecta y paradisíaca, ésta tiene que existir. No puedo dar el salto del orden del pensamiento al orden de lo real.

Como respuesta, Anselmo dirá que el ejemplo de la isla no es una buena analogía para su argumento, que no es un buen ejemplo, porque siempre podría concebirse una isla mejor. Aunque ésta no parece ser una respuesta muy convincente...

*1Kant será el que le llame ontológico por ser a priori
*2Libro en favor del insensato

Actualización: Se me ha "acusado"de falta de claridad al traducir la frase "Dios es aquello mayor que lo cual nada puede pensarse". Pese a que ésta es la traducción que suele hacerse, creo que se entiende mejor si se dice "No puede pensarse nada mayor que Dios". Gracias a Lorenzo por avisar.

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