Hoy es sábado noche. Mientras todos escuchan reggaeton casposo, yo estoy intentando escribir algo indecente. Escribir, por ejemplo lo que pienso de mi madre que, justo cuando decido ponerme a dieta, llena la casa de todo tipo de apetecibles (e hipercalóricos) dulces. Yo creo que las madres necesitan ver que sus hijos están "hermosos" (este término es intercambiable con "obeso") para sentirse realizadas. Cómo explicar, si no, que te metan la comida por todos lados: "hijica, come que te estás quedando hecha una sílfide", me dice (como no me veis, no entendéis lo gracioso de esta frasecita de mi progenitora). O eso, o tiene algo en mi contra y no se puede reprimir. En fin, el caso es que, tan sólo 3 días han bastado para hacerme sucumbir y para adentrarme en el mágico mundo de los dulces... Empiezo a pensar seriamente que tendría que haberme ido a bailar esa bazofia´de música que ponen por ahí a la que todos llaman reggaeton.