Las grandes obras de Jean Bodin (Angers, 1530- † Laón, 1596), muy influenciadas por el contexto de las guerras civiles religiosas de la Francia del siglo XVI, giran en torno a la soberanía como concepto unificador dentro de la conflictiva vida humana. En él se encuentran los rasgos propios de un humanista renacentista a la vez que las bases de una nueva política precursora del Estado moderno. Es por esto que se le considera un autor de transición.

Con respecto a la soberanía, Bodin la caracteriza como un poder absoluto, ilimitado e irresponsable, así como un poder perpetuo donde el soberano tiene un poder legislativo absoluto. Este soberano tiene un poder análogo al del Dios absoluto calvinista, siendo, así, lo que hace Bodin una teología política. En la soberanía, tal y como la entiende dicho pensador, los momentos excepcionales de crisis tienen un papel fundamental, y, precisamente por esto, el atributo más genuino del la soberanía es la capacidad de actuar contra legem.

Para Bodin, el mejor régimen político es la monarquía real. El monarca ha de gobernar armónicamente, no suprimiendo las diferencias estamentales, sino haciendo que cada grupo participe en los oficios y beneficios según su condición. Y es que, al ser el soberano conciliador de la heterogeneidad del cuerpo social, el concepto de soberanía resulta fundamental para alcanzar la justicia armónica, que es por la que él aboga.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que su contexto es el de las guerras civiles religiosas, por eso tiene especial interés en describir cómo debe actuar el príncipe a la hora de evitar que los conflictos religiosos desemboquen en enfrentamientos civiles, pues éstos son una de las grandes causas de la disolución de los Estados.
El soberano debe conciliar, armonizar, las distintas posiciones garantizando la estabilidad política. Es por esto que no está sujeto a la ley, ni siquiera a la que él mismo hace, ni tampoco a responsabilidad alguna.

PD) Éste es un corta-pega de uno de mis trabajos de filosofía política. Espero que se entienda.

PPD) ¡Qué ganas tengo de acabar, jo!