Acabo de terminar mi trabajo sobre el mal llamado "averroísmo latino" (a mí me gusta más llamarlo aristotelismo heterodoxo o radical, como hace van Steenberghen). Pues bien, sorprendentemente, hay más gente que se interesa por estos temas ( y de esto tengo pruebas). Por eso, y porque el blog es mío, voy a hablar un poco de este tema. De momento, que no cunda el pánico, que será en pequeñas dosis, para que nadie se me agobie.

Empezaremos por hablar muy brevemente de la vida de Siger de Brabante:

Siger de Brabante (ca. 1235-ca. 1282) era el principal exponente del movimiento aristotélico radical. Él era un sacerdote secular, canónigo en San Pablo, en Liége, que ejercía como maestro en la Facultad de Artes. En La Divina Comedia (Paraíso, X, 133-38), Dante lo situa en el cuarto cielo, morada de los sabios, junto a Isidoro de Sevilla y Alberto Magno.
En 1270, Étienne Tempier, quien había sido nombrado obispo de París en 1268 condenará, el 10 de diciembre, trece proposiciones por ser “inaceptables en el ámbito del cristianismo”. También en 1277 se promulgó una segunda condena, esta vez de 219 proposiciones. Los principales inculpados en dicha condena son Siger de Brabante y Boecio de Dacia, otro aristotélico heterodoxo.
Libros de Avicena, Averroes y otros averroístas se quemaron públicamente. También quemaron obras de Tomás de Aquino y de Siger. Éste último, al que, junto a Avicena y Averroes, habían nombrado en las condenas, vio cómo quemaban sus libros en la calle.
Poco después de la muerte del Tomás de Aquino, el 23 de Noviembre de 1276, citaron a Siger ante el inquisidor de Francia. Parece que fue al poco tiempo de aquello, tras haber sido acusado de herejía y también cansado de que se le hicieran acusaciones por la calle, cuando Siger se fue de París.
Se fue a Orvieto dispuesto a llevar una vida de oración lejos de toda disputa. Siete años después de llegar, el amanuense al que dictaba le asesinó. Se comenta que lo hizo con la pluma con la que escribía. Tras esto, muchos de sus críticos dijeron que merecía tal muerte al haber sido la pluma el arma con la que él había hecho tanto daño.