La primera parte podéis encontrarla aquí.

El Círculo de Viena recibió el Tractatus Logico-Philosophicus (TLP) como si se tratara de escritura sagrada. Wittgenstein se sumó a sus discusiones en 1927, y no tardó en entrar en conflicto con sus integrantes. Parece ser que, excepto Schlick, a quien más tarde acusaría de haberle plagiado, todos le parecían vulgares y mal vestidos. Además, Wittgenstein había empezado a distanciarse de la visión del lenguaje que ofrecía en el TLP, y buscaba apoyar la comprensión del lenguaje más en la observación que en el análisis del mismo.

En 1929 regresó a Cambridge. Obtuvo el título de doctor con el TLP y le ofrecieron una plaza en el Trinity College. Su carácter iracundo ya era de sobra conocido por todos, pues él tenía la costumbre de callar a los demás a gritos.

En 1930 se relacionó sentimentalmente con Francis Skinner, un estudiante de matemáticas veinte años más joven que él y de carácter tímido y modesto. Era él quien limpiaba el suelo de Wittgenstein si algo se derramaba obedeciéndole, era esto algo así como una forma de humillarse. Además, Skinner pensaba irse a vivir a la Unión Soviética y dedicarse a ser un trabajador manual. Todo esto porque Wittgenstein creía que la Unión Soviética caminaba hacia la utopía, haciendo caso omiso al gran terror de Stalin. A él no le interesaba el comunismo, sino la idea de una Rusia de sacrificio y abnegación.

También consiguió convencer a Skinner de que no servía para estudiar (opinión que no compartía el resto de profesores) y éste abandonó la vida académica. Wittgenstein le dejó en 1937 y, cuando en 1941 murió de Polio, lo que se reprochó a sí mismo no fue haberle hecho abandonar sus estudios, sino el haber tenido sentimientos impuros hacia él.

Tristemente, éste no fue el único estudiante a quien convenció para que dejara los estudios y se dedicara al trabajo manual, sino que lo hizo en varias ocasiones. A uno de sus alumnos más brillantes, Yorick Smythies, le pidió que se dedicara a trabajar con sus manos, cosa que se le daba bastante mal. Finalmente éste acabó por desarrollar una esquizofrenia.

Como se puede apreciar, Wittgenstein ejercía un influjo especial en sus admiradores. El problema es que se descargaba con ellos y a veces esto tenía consecuencias desastrosas.
Siguió enseñando en Cambridge hasta el estallido de la guerra, en 1939. Y a partir de ahí, ya va para otro post.

Fuente: Rodgers, N. y Thompson, M., "Ludwig Wittgenstein: ira y ascetismo", en Locura Filosofal, pp. 157-187, Melusina, 2005.