Mentir es una acción intencional. Cuando decimos una mentira, tenemos la intención de que el otro no sepa que le estamos mintiendo y de que nos crea.
Un mentiroso podría incluso decir la verdad para hacer creer a su interlocutor lo contrario. Por ejemplo, supongamos que vamos a ver a un joyero que tiene merecida fama de mentiroso. Para que le compremos una joya, puede decirnos "esto no vale nada, es pura hojalata", sabiendo que si nos dice que es oro puro, no le creeremos. Nos dice la verdad, pero nos hace creer que nos está engañando y, así, compramos la joya pensando que no quiere que la compremos porque en realidad vale mucho.
Así, lo único que hace falta para mentir con eficacia, es que no se reconozca la intención del que miente (es obvio que si supiéramos que tiene la intención de mentirnos, no le creeríamos y su mentira no sería eficaz).
Es difícil pensar que la mentira puede aplicarse a uno mismo si pensamos que, para poder mentirnos a nosotros mismos, se requiere una doble intención: en primer lugar, la intención de mentir, pues mentir es un acto intencional; y, en segundo lugar, la intención de que nosotros mismos no reconozcamos nuestra intención de mentir.
¡Pero no es posible que nosotros no reconozcamos nuestra intención de mentir si los que estamos mintiendo somos nosotros!
En ese caso, tendríamos que hablar de autoengaño. Y esto lo dejo para otro día.
Fuente: Davidson, D., “Who is fooled”, en Problems of Rationality, pp. 213-230, Clarendon Press, Oxford, 2004.




Ignatius Reilly
22 feb 2008 | 01:33 AM
La mentira sobre uno mismo como el caso límite de la intencionalidad de segundo orden es, en definitiva, el problema del solipsismo y del escepticismo, a la vez y todo juntito. Si hay tal caso límite, deja de tener sentido la distinción entre verdad real y verdad psicológica, y por tanto la distinción entre falsedad y mentira.
El sistema colapsa.
Bienvenidos al mágico mundo de la enfermedad mental.
.
.
.
¿Enfermedad? Según Davidson sí. Yo no lo tengo tan claro.
Kundele
22 feb 2008 | 01:16 PM
Si Ignatius tiene razón, media España andaría mal de la olla. Y no me extraña nada que tenga razón. No he visto un país con más gente capacitada para el autoengaño que este. Podría poner varios ejemplos, pero solo pongo uno: las encuestas hechas a la población evidencian que la media de horas de televisión al día de los televidentes es de tres. Yo creo que la media es muchísimo más. Yo me considero un individuo que ve poca televisón, yo diría que muy poca, y sumando las horas que veo al día, me salen casi tres: una media hora de informativos y alguna película por la noche que con los anuncios se ponen en dos horas o más. No me creo que la mayoría de la gente vea solo lo que yo en televisión. Luego la encuesta es un engaño (auto). Ejemplos como este los encuentro a miles y me llevan a la conclusión de decir que los españoles somos cínicos por naturaleza o que nos autoengañamos como bobos. Esta misma afirmación la he oido más de una vez ya por parte de algunos entendidos en la radio, manifestando éstos que esta característica de nuestra población nos hace ser carne de cañón de todo un estudio sociológico. (Perdona Piluki que ve vaya un poco por las nubes).
Illuminatus
28 feb 2008 | 08:56 PM
No sólo es posible engañarse a uno mismo, haciendo el esfuerzo de querer creer la propia mentira, sino que además es algo que hacemos constantemente. Leí hace unos días sobre el sabotaje inconsciente, o séa: aquella situación en la que existe una desconexión entre nuestra intención consciente de actuar de una forma y nuestra condición emocional que actúa en oposición, denostando e incluso aborreciendo lo que hacemos.
Tengo un ejemplo propio en mi situación profesional hace un mes o así: los años en mi facultad me han pasado factura y estoy quemado con ella, quiero cambiar de aires, pero no reconocía conscientemente que estaba harto porque, racionalmente, la gente con la que trabajo es muy maja y no tengo ningún problema con ellos ni con nuestra dinámica. Se trata de una respuesta visceral contra un ambiente en el que me siento estancado y constreñido, esencialmente.
Víctor
15 jul 2008 | 04:43 PM
Buenas,
Casualmente he dado en esta página... no verás este post porque llega muy tarde. En todo caso, estoy acabando la tesis doctoral... precisamente sobre el "autoengaño".
Estoy de acuerdo en la dificultad de la que hablas de mentirse a uno mismo. Tanta es la dificultad que hallo, que me parece una imposibilidad sino ya lógica, sí psicológica. El autoengaño, bajo mi punto de vista, hereda esta misma dificultad, porque pese a no ser equivalente el engaño a la mentira, si que es igualmente intencional. Eso imposibilita también el autoengaño.
:)